María Moliner y su Diccionario de uso del español

Escribir sobre María Moliner Ruiz (Paniza, Zaragoza, 30.3.1900 – Madrid, 22.1.1981) solo puede hacerse desde una posición comprometida: desde el compromiso en el saber y en la cultura como elementos catalizadores del progreso, desde la defensa de la democracia y de las libertades asociadas a esta, y desde la dignidad personal y profesional de quien fue una extraordinaria bibliotecaria y lexicógrafa.

De su actividad principal como bibliotecaria en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos da cuenta su dilatada trayectoria profesional, iniciada en 1922 en su ingreso por oposición como funcionaria de carrera en el citado Cuerpo, y culminada con su jubilación en 1970, lo que en la época se denominaba “jubilarse por la iglesia”, es decir, a los 70 años de edad. A lo largo de dicha trayectoria, María Moliner asumió diferentes cargos públicos de relevancia, entre los que cabe destacar la dirección de la Biblioteca Histórica de la Universitat de València entre 1936 y 1937.

Pero, más allá de su ejercicio profesional, María Moliner también se comprometió con la cultura de forma firme y decidida, convencida del valor de esta para hacer avanzar una sociedad, para sacarla de las tinieblas y desplegar nuevos horizontes de esperanza compartida. Con este propósito se enroló en las Misiones Pedagógicas de la Segunda República como colaboradora y, además, participó activamente en la organización de las bibliotecas rurales.

Dentro de su contribución al saber, y ya desde su residencia en Valencia, fue profesora de Literatura y Gramática en la Escuela Cossío, y formó parte como vocal del Consejo director de esta escuela renovadora, enraizada en los principios pedagógicos de la Institución Libre de Enseñanza; institución donde ella misma se formó en Madrid, y a cuyos principios (el krausismo, el regeneracionismo, el laicismo, el liberalismo político o la enseñanza integral) observó fidelidad a lo largo de su vida.

De acuerdo con el Diccionario biográfico español, obra de la Real Academia de la Historia, la vida de María Moliner se articula en tres etapas, que dan cuenta de su compromiso y entrega en la construcción de una sociedad culta, democrática y libre. La primera etapa (1900-1921) comprende su educación y formación universitaria, realizadas entre Madrid y Zaragoza, hasta lograr licenciarse con Sobresaliente y Premio Extraordinario en la Universidad de Zaragoza en septiembre de 1921, en Filosofía y Letras (especialidad en Historia).

La segunda etapa (1922-1946) se corresponde con su plenitud tanto personal como profesional. En dicha etapa se sitúa el inicio de su andadura profesional en 1922 como archivera y bibliotecaria por diferentes destinos laborales hasta recalar en Murcia, donde trabajó en el Archivo de la Delegación de Hacienda, y donde conoció al que sería su marido, Fernando Ramón y Ferrando, catedríatico de Física de la Universidad de Murcia; ciudad donde nacieron sus dos hijos mayores. En esta segunda etapa María Moliner y su familia se trasladan a Valencia en los inicios de la década de 1930; ciudad en la que pudo participar de forma activa en la política educativa y cultural de la Segunda República, y en la que nacieron sus dos hijos pequeños. Fruto de su tenacidad y capacidad de trabajo, en esta etapa se enmarcan tanto sus Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas (1937) como su Proyecto de Bases para la Organización de las Bibliotecas del Estado (1939).

Finalmente, la tercera etapa, comprendida entre 1946 y 1981, y transcurrida de forma íntegra en Madrid, está atravesada por la ignominia y el oprobio inmerecidos, pero también por la resiliencia, la perseverancia, la honradez y la dignidad de una mujer luchadora y tenaz. En efecto, tanto su marido como ella sufrieron las represalias políticas del régimen dictatorial con sendos expedientes de depuración, que se resolvieron con la suspensión de empleo y sueldo en el caso de su marido (no reintegrado al Cuerpo de Catedráticos hasta 1946), y con la reducción de hasta dieciocho escalafones en el Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos en su caso, que no recuperó hasta 1958.

Y es desde su nuevo (y definitivo) destino hasta su jubilación, la dirección de la biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid, desde donde concibe su gran obra, el Diccionario de uso del español, conocido por las siglas DUE. Publicado por primera vez en 1966-1967, y revisado y ampliado en tres ocasiones (1998, 2007 y 2016), con una edición en CD-Rom en 1996, esta obra lexicográfica representa la gran aportación de María Moliner a la filología española. Durante más de quince años estuvo trabajando en su diccionario; una obra que, de acuerdo con los especialistas, se caracteriza por su carácter original y renovador en el panorama de la elaboración de diccionarios en la segunda mitad del siglo XX, pues no se limitó a seguir la senda marcada por autores anteriores, sino que introdujo algunas novedades de gran importancia, como la revisión sistemática de las definiciones heredadas de obras anteriores en el tiempo.

Del valor y prestigio indiscutibles del Diccionario de uso del español dan cuenta escritores como Miguel Delibes, Francisco Umbral, Juan Marsé o Gabriel García Márquez, quienes elogiaron en diferentes momentos tanto a la autora como a su obra. María Moliner fue propuesta en 1972 por los académicos Rafael Lapesa y Pedro Laín Entralgo para ingresar en la Real Academia Española como miembro de número, pero no logró culminar dicha candidatura en competencia con el filólogo asturiano Emilio Alarcos Llorach, y desde ese momento ya no aceptó una nueva candidatura. Murió el 22 de enero de 1981 en Madrid a causa de una enfermedad respiratoria. 

Larga vida a su figura, simbolizada en una personalidad resuelta, valiente, tenaz y ejemplar.

Larga vida a su Diccionario, dechado atemporal de artesanía lexicográfica.

 

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